lunes, 10 de noviembre de 2025

Dejar respirar las palabras

 Las últimas semanas he reflexionado sobre la cantidad de cosas que he escrito y a la velocidad que lo he hecho, cuando tenía 16 y estaba escribiendo la misma historia recuerdo solo redundar en las mismas experiencias que en realidad no eran mías ni tampoco conocidas, únicamente copiaba de forma pasiva los tropos que conocía desde pequeña, siempre que escribía era como imaginar y fantasear acerca de cosas que claramente nunca iba a vivir y menos en esa etapa de mi adolescencia, sin embargo, ahora mismo me he dado cuenta que el vivir, experimentar, ver y dejar respirar las páginas me han generado toda una ola de creatividad. En estos momentos he escrito tanto que dejé quietas las paginas un rato y me puse a escribir algo diferente aquí, donde plasmo el proceso de mis ideas.

En ya tres meses si no estoy mal (un poco más) Llevo 160 páginas, escribo y escribo generando una idea detrás de otra, y aunque se podría pensar que es apresurado, en realidad son un montón de ideas acumuladas que van formándoce en letras y luego en palabras, ahora todos esos clichés que copiaba y pegaba son la base para empezar a desconstruir las ideas preestablecidas que tenía de la vida, y el tomarme el tiempo de observar todo también me ha ayudado a acabar con la romantización de la que ya he hablado antes, varios de mis personajes ya no son simples arquetipos sino una construcción completa de todo lo que ha rodeado mi vida estos ultimos años.

El profesor es el abuso del poder, la manipulación y la romantización interna de las relaciones toxicas, el chico azul es la maldad moderna, el poder  del saber jugar con las personas, la violencia y las mentiras, Al es la historia de una víctima que ha normalizado el daño perdido y ha perdido toda su humanidad, Dan es la representación viva de la opresión religiosa y el cómo el dogma puede resultar siendo tu peor enemigo, y Jess, representa la lucha activa contra todo esto.

Antes eran el malo, el bueno, la popular, pero ahora me concentro en expandir más todas sus caracteristicas y las temáticas, mi idea de esto es que a la hora de leer no leas simplemente "el es malo", sino, el es malo, y es bueno, y es sensible pero es cruel. Una de las cosas que he aprendido al dejar que mi obra se tome un descanso de unos años es que escribir un personaje es más que escribir sus conflictos, ¿Qué le gusta?¿Qué ha hecho?¿Qué no ha hecho? Son cosas que antes nisiquiera se me pasaban por la mente, me gustaba leer pero a la vez los libros se concentraban más en el chisme y en tenerte enganchado que en analizar todo de forma más profunda, por eso me he puesto una tarea una vez que retomé la escritura ya a mis 21: Ama, odia, empatiza o entiende a tus personajes.

Para mi ya no es tan simple como poner lo malo que el profesor es, ¿Por qué es así? sus acciones, su pasado, sus dialogos, su postura, la forma en la que se mueve, todo me debe dar más sentimientos que un simple odio vacío, ¿Es asco, o desagrado, o impresión? Lo mismo con los protagonistas, estoy luchando por no cometer el error de hacer a una "mary sue", es decir, un personaje perfecto que no cometa errores, ya que otra cosa que experimenté en mis años sin tocar el teclado es que todas las personas estamos en un punto gris, nadie es perfecto, y nadie tiene porque hacer todo bien, los personajes perfectos solo son obligar al lector a que empaticen con ellos, pero ¿Cómo voy a empatizar con un personajes que hace todo bien?

En fin, seguiré plasmando todo lo que aprendo en el camino, mientras tanto dejo otra canción, otra de las canciones que me acompaña cada vez que toco el teclado:

Att. Isabella, un intento de escritora



martes, 21 de octubre de 2025

Los villanos reales no tienen poderes

 Algo que pensé cuándo leí mis borradores por primera vez era que realmente, en la historia, no habian villanos, pero al tiempo estaba lleno de ellos, en mi adolescencia veía a los personajes masculinos de mi libro cómo personas incomprendidas, personajes grises qué pueden redimirse a lo largo de la historia, sin embargo cuándo lo retomé decidi que en realidad, eran malvados (aunque no todos), en el texto hay dos personajes que ahora mismo considero los completos antagonistas de la historia, y que vienen cómo reflejo de ciertas cosas que antes idealizaba, estos personajes son el profesor y el chico azul.

Cuándo comencé a escribir mis referentes literarios y visuales se llenaban de historias "de amor" en los cuales los hombres podían hacer y deshacer con las protagonistas, podian incluso hacer cosas ilegales, y aún así ibas a ser idealizados, tenemos personajes como Oliver en "Call me by your Name", H de "A tres metros sobre el cielo", Chuck Bass de "Gossip Girl", e incluso Ezra de "Pretty Little Liars", todos ellos comparten algo en común, son tóxicos, controladores, plantan de todas las formas posibles a las (y el) protagonistas, son violentos e incluso abusadores, sin embargo, todos consiguen un final feliz, antes todos ellos eran parte de mi ideal de hombre, pero cuando crecí, me di cuenta que ellos y más ejemplos están cargados de rasgos que si vieramos en la vida real, seria un caso de abuso o incluso violencia domestica.

Esto me lleva a mi segundo punto y la segunda cosa que romanticé en mis primeros borradores, la diferencia de edad y de poder, uno de mis mayores miedos en la actualidad es que mi texto sufra de lo que yo llamo, el "efecto Lolita" Uno de mis libros favoritos con uno de los finales más trágicos después de su lanzamiento, el mundo se puso de acuerdo para trasgiversar lo que el autor quiso mostrar y poner a Lolita, una niña de tan solo 12 años cómo la "verdadera villana", a pesar de ser una niña usada y abusada, la cual solo era vista desde el punto de vista equivocado, aunque Lolita es un caso muy extremo, películas cómo Call me by your name o series cómo Pretty Little Liars caen en este efecto, poniendo relaciones con diferencias de edad significativas, en las cuales las y los menores de edad son claramente manipulados y victimas, pero todo a través de una luz luminosa y romántica que rompe con cualquier posible crítica, y lo admito, a mis 14 y 16 años, caí en este efecto, sin embargo cuándo desempolvé los textos decidi escribir la misma historia cambiando el enfoque romántico a través de posiblemente mi personaje favorito, Alison, una adolescente de 17 años con múltiples adicciones y un pasado oscuro que tiene en su vida a dos hombres los cuales reflejan el abuso de poder, el patriarcado, la red de victimas y sobretodo, rompen con la idea de que el amor duele.

El profesor le lleva 10 años, y el chico azul le lleva 5, ambos personajes son representación de todo lo que el sistema ve cómo una historia de amor trágica, pero ahora mi idea es reflejar que piensa una víctima real, que pasa cuando la relación con un hombre mayor no se ve cómo una aventura peligrosa si no más bien como un viaje de manipulación y dolor a través de una adolescente que después de años descubre que es lo que realmente está pasando y cómo estar a merced de estas relaciones le roba lentamente su propia autonomía e identidad.

Futuramente me gustaría hablar de más tropos e ideas que he intentado romper en mis textos, pero por ahora, este es uno de los puntos que más contraste causa entre mis anteriores escritos y los actuales, seguiré plasmando esas ideas que me llenan y me llegan a la hora de escribir.

Adjunto, quiero dejar una canción de Billie Eilish la cuál habla del desequilibrio de poder desde la perspectiva de la victima y la cual encuentro muy poética y poderosa

Att. Isabella, un intento de escritora

jueves, 16 de octubre de 2025

Mi inspiración "literaria"

 Mi vida siempre ha estado rodeada de libros y literatura,  he tenido esta experiencia de ir por la vida con la oportunidad de recorrer distancias imaginarias que, solo los lectores podemos,  he leído bastantes libros a lo largo de mi vida y me he encariñado con más de uno, sin embargo, hay una expresión que no siempre tomamos en cuenta a la hora de buscar inspiración para escribir o para expresarnos, unos referentes que tomamos como simple entretenimiento, cuándo en realidad es la máxima expresión poética que he usado para escribir todos estos años, las canciones.

Nunca olvidaré cuándo pequeña hacia que, mi papá analizara letras de canciones para mi, descubriendo la magia de la poesía y las metáforas que pueden llegar a tu corazón tan rápido como un buen libro, en estos días, cuando voy a escribir, necesito música que vaya con la vida, sobre todo en el momento en el que mis personajes están metidos, haciendo que termine siendo una necesidad el escucharla para vislumbrar cómo se sienten, desde rock clásico, hasta rock latino, pop contemporáneo... Todo lo que siento que ellos pueden escuchar.

Una de mis canciones favoritas y que más me pongo a la hora de escribir, se llama Cardigan, de Taylor Swift, cantante la cuál suele ser subestimada como cantante pop simple, cuándo yo, junto a Lana del Rey, las considero de las mejores poetas modernas, su forma de escribir te pone en el momento y te lleva a imaginar que está pasando, sientes lo que ellas sienten y en mi sentir, es casi cómo cuando estás leyendo y por un segundo sientes cómo empiezas a transportarte, una de las letras que más llegan a mi corazón, es la de cardigan, aquí un fragmento:


"Y cuando me sentí como un cárdigan viejo

Debajo de la cama de alguien

Me pusiste y me dijiste que yo era tu favorita

Besarnos en el auto y en los bares del centro

Era todo lo que necesitábamos

Dibujaste estrellas sobre mis cicatrices

Pero ahora estoy sangrando".


La frase "Dibujaste estrellas sobre mis cicatrices pero ahora estoy sangrando" es algo que, honestamente, me apuñala directo al corazón, dejándome con ese vacío de... primero sanaste todas mis heridas, y ahora me lastimas en los mismos lugares. Canciones cómo esta, me hacen entender que por más que queramos fingir ser todos unos cultos que sólo leen clásicos, a la hora de empezar el proceso creativo las cosas más cotidianas y populares pueden darte ese impulso a la hora de escribir.

Pienso poner acá parte de mi proceso creativo, tal vez algo inusual para lo que imaginamos de un clásico escritor qué solo se sienta a escribir y sus palabras salen por arte de magia, mis escritos se han alimentado de música, películas, pinturas, fotografía, escenas que veo en mi dia a dia, recuerdos, escribir no es solo escribir, es reunir todas las artes en una hoja de papel, y uno de los proceso primordiales es la música, diria que es de los más importantes, algunas canciones que me han inspirado son "Do I wanna know" de Artic Monkeys, "Brooklyn Baby" y "Cruel World" de Lana del rey, "Just Kiss Her" de Concorde, entre muchos otros. Seguiré plasmando mis inspiraciones a la hora de llenas una hoja de papel en blanco, por ahora, dejaré esta joya.

Att. Isabella, un intento de escritora




miércoles, 15 de octubre de 2025

La experiencia de escribir

 Llevaba años sin escribir en este blog, la última vez que lo hice tenía 11 años, la edad de la inocencia eterna y la edad del pensamiento positivista, ahora, a mis 21 casi 22 años, veo la vida de forma mucho más cruda y realista teniendo que enfrentarme al mundo de la adultez que antes tanto añoraba y ahora temo como si siguiera teniendo 11, con la prisa de la vida y las responsabilidades, el sentarme ante la página en blanco y empezar a escribir se habia vuelto parte de mi pasado, parte de mi niñez y adolecencia donde sólo escribía fantasías que algún día me pasarían. pero que ahora he vivido y he dejado de ver con ese ojo romántico e idealizador, mi mente hace unos años es solo cuentas, arriendo, trabajo y estudio, sacando mis hobbies y sueños a un segundo plano... Hasta que me volví a sentar a escribir.

A mis 14 años empecé una novela inspirada en los libros que leía en wattpad como cualquier adolescente entre los 2010´s, estaba escrita de una forma en la que era casi una copia y honestamente no era (ni es) mi mejor trabajo, pero era una liberación interna, me podía pasar horas escribiendo sin parar incluso en una hoja de papel, cosas cómo las películas, los libros, el café en las mañanas, la televisión, la gente en la calle, incluso ver a mis familiares hacer sus rutinas me inspiraba para escribir lo que sea, se volvió mi catarsis, aparte de que la música se volvió mi mayor inspiración, de ahí nacieron Alison, Jessica y Dan, tres personajes que en un inicio salieron de mi como representación del sueño del caos adolescente, por otro lado, era mi forma de escapar de una realidad complicada que vivia en ese entonces, escribia en el bus, en el celular, en el computador, en cuadernos y en cualquier parte que se pudiera escribir, pero a mis 16, luego de cambiar la historia varias veces y oficialmente llegar a la página 50, dejé mi escrito atrás, empecé a hacer poemas y algunos cuentos, pero luego la realidad me golpeó en la cara y tuve que parar para vivir la experiencia más aterradora de cualquier ser humano... ser adulta.

A mis 18 y 19 ni siquiera pude pensar en ese acto que me habia salvado de mis pensamientos más oscuros en el pasado, sólo podia centrarme en intentar nivelar estas nuevas responsabilidades que había adquirido sin previo aviso, me concentré en no apestar tanto en la cocina, en aprender a subsistir con mis gastos y en aprender a convivir desde un punto de vista adulto, aparte de aprender a hacer todo de manera responsable ahora que sabia que nadie era responsable de mi, sólo yo, sólo yo era y soy responsable de lo que me pase, algo que es emocionante y peligroso a la vez, nadie te recordará que comas o que duermas cómo se debe, y si te lo recuerdan, es tu responsabilidad tomarlo... por ende, fue un camino dificil nivelar todos esos aspectos en mi vida, así que la escritura ni siquiera pasaba por mi mente, solo de vez en cuándo, cuándo la nostalgia entraba por mi ventana.

A mis 20, ya habiendo dominado (más o menos) esta vida, y aprendiendo a no autodestruirme, me fui a vivir con mi novio en un acto de acompañamiento mutuo y guía, no tanto cómo un acto de "madurez", sólo disfrutamos de la vida juntos mientras intentamos salir adelante tomados de la manos, ya llevamos un año viviendo juntos (y 4 años cómo pareja), y luego de años de estancamiento, una tarde haciendo pereza juntos... se me ocurrió volver a escribir.

Recordé a estos personajes, y leí cosas del pasado, topicos muy oscuros extremandamente romantizados pero que tenían potencial si se tomaban desde esa perspectiva oscura y se dejaban en ese lugar, mis personajes eran trágicos, pero se planteaba desde una luz de ilusión, y se notaba que mis ideales no eran lo mismo antes que ahora, así que, por más que fuera arriesgado, esa tarde me levanté, abrí el computador y comencé a escribir, misma historia, mismos personajes, enfoque diferente. Una vez empecé no he podido parar, recordé por que amo escribir y por qué amo el acto de dejar ir mis pensamientos, ideales y experiencias diseccionados en 3 personajes increíbles pero terriblemente tristes que definen partes de mi personalidad y pensamientos más profundos, llevo dos meses, y he escrito más de lo que habia escrito en 2 años, llevo 80 páginas llenas de ideas que he ido organizando y ahora no es solo una idealización adolescente, es una crítica social, una vista a la manipulación y las diferencias de edad, una visión del poder femenino y el apoyo entre mujeres, una visión del amor adolescente y el encontrarte a ti mismo...

No sé qué esperar de mi en los próximos meses o incluso años, pero supongo que esto es un mensaje para los que crean que escribir es un acto solo para grandes literarios, es el mayor sanador del alma, y niverlar mi vida para poder escribir ha sido una de las cosas más sanadoras que he hecho. Supongo que llenar nuestras vidas de arte es el mejor consejo que le puedo dar a quién esté leyendo esto.

Att. Isabella, un intento de escritora

martes, 14 de octubre de 2025

LÁZLO KRASZNAHORKAI, EL ESCRITOR DE LA MELANCOLIA

Encontré este excelente artículo de la revista "Letras Libres" sobre el nobel de literatura elegido por la academia Sueca en el año actual. Lo reproduzco por parecerme puntual y muy lúcido, exponiendo cuales son los temas del autor y como describe a través de unos personajes enrarecidos por una existencia impotente frente a sus tragedias, cargada de inequidad e injusta, con todas sus miserias y la situación particular de la mayoría de personas en un entorno que definitivamente no terminamos de descifrar, pero que lo padecemos indefectiblemente. ISABELLA BUSTAMANTE RUIZ




Los personajes de las obras del escritor húngaro viven entre ruinas y se hacen diminutos ante la miseria del mundo, y esta situación de fracaso se traslada a la narración y la convierte en un tartamudeo.
por:
Manuel Pacheco
13 octubre 2025

“Ese retumbo con miles de ecos, ese ruido nocturno confuso y frenético formaban parte de un único ritmo destinado a tapar la desesperación: detrás de las cosas aparecían obstinadamente otras, y todas ellas se perdían inconexas en el horizonte” (Tango satánico)

Leer a Krasznahorkai requiere estar espabilado para no desconectar con su escritura apretada o irritarse con su pesimismo. Alguno de sus libros ha estado en mi mesita de noche durante meses porque no es un autor con el que a uno le apetezca coger el sueño. Sin embargo, quiero evitar calificarlo como un autor “difícil”. Lo difícil, como lo misterioso, es una etiqueta negativa que se aplica cuando el contenido no se aprecia de un vistazo, cuando no es posible resumir un argumento en unas pocas palabras o vender una historia de manera atractiva. La dificultad atañe a los obstáculos que interfieren en el acceso a la información, y por eso puedo hablar de una teoría o un ensayo o un tratado difícil, pero no tiene sentido hablar de una novela difícil por lo mismo que no tiene sentido decir que una novela pone obstáculos, ya que, afortunadamente, las novelas no son informativas. La exigencia de concentración es un requisito mínimo para la lectura, no algo difícil (y lo digo yo, que voy perdiendo a pasos agigantados la capacidad de atención). De igual manera, la velocidad con la que sucedan los acontecimientos tiene que ver con un modo de escribir, pero ni lento ni rápido significa, respectivamente, difícil o fácil.

“¡¿Qué manera de ensuciar la lengua era esta, qué caos de imágenes utilizadas al buen tuntún?! ¡¿Dónde quedaban la pureza y la claridad que –¡supuestamente!– caracterizaban al espíritu humano, dónde encontrar el mínimo indicio de un esfuerzo por alcanzar la precisión!?” (Tango satánico).

Krasznahorkai pertenece a esa tradición de escritores que usan párrafos largos y pocos puntos con el objetivo de eliminar las limitaciones temporales que imponen los signos y divisiones gráficas, de modo que en sus libros la sucesión de pequeños acontecimientos y reflexiones se intensifica e incluso se superpone. Aunque esto supone que la acción se dilata, que ocurren menos cosas, lo cierto es que en el ritmo de lectura aumenta de manera frenética hasta alcanzar una especie de deslizamiento, un “pasar por encima” del texto que difiere de las exigencias de otro tipo de narraciones con una dirección más evidente o unos acontecimientos más definidos. Es el estilo que adopta el stream of consciousness, aunque hay autores como Beckett, Bernhard o Blanchot que lo han convertido en su voz. Se me vienen también a la cabeza Malina de Ingeborg Bachmann o San Camilo, 1936 de Cela. Son ejemplos en los que la manera de escribir no es una impostura, sino que es inseparable de lo que relatan: la neurosis, el desvanecimiento de los significados, el monólogo interior que marca distancia con la cosa observada, la acumulación de narradores, la rápida sucesión de acontecimientos. Con un poco de sorna y un poco de asombro, un medio digital señala a propósito de un fragmento de las Relaciones misericordiosas de Krasznahorkai: “Como observarán los lectores, carece de puntos y apartes. No es un error de edición. Así es la escritura del húngaro galardonado.” Suena a una advertencia que podría hacer saltar las alarmas en… no sé, 1922, allá por la publicación del Ulises de Joyce.

“Este es el camino hasta la victoria final. Hasta el triunfante fin. Adquirir, degradar. Degradar, adquirir. O de forma diferente si quieres: Tocar, degradar y así adquirir, o tocar, adquirir y entonces degradar. Ha sido así durante siglos. Sigue y sigue y sigue. A veces a escondidas o groseramente, a veces discretamente, a veces brutalmente.” (El caballo de Turín).



Como tantos otros, conocí a Krasznahorkai por sus colaboraciones con Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, la pareja de cineastas junto a los que ha guionizado un conjunto de películas grises, lluviosas, tristes y plomizas (en el mejor sentido de la palabra), incluyendo varias adaptaciones de sus propias novelas. Sus planos larguísimos son la traducción visual de las frases infinitas y tortuosas de Krasznahorkai, y la degradación espacial y psicológica es también equivalente entre ambos medios. Tengo en casa un pack con la filmografía completa de Tarr cuyo aspecto físico refleja perfectamente el contenido: una caja de tela gris sin ilustraciones ni apenas texto, como un bloque de cemento recuperado tras una demolición. Las dos obras centrales de Krasznahorkai, Tango satánico y Melancolía de la resistencia, así como la colección de relatos Relaciones misericordiosas, fueron publicadas durante los últimos años de la República Popular Húngara, y trasladan la mirada apocalíptica de un régimen que observa su desmoronamiento mientras espera un cambio que no termina de llegar. Una de las secuencias más comentadas de la adaptación cinematográfica de Tango satánico es un momento de baile en una taberna, con los parroquianos borrachos y el acordeonista repitiendo los mismos compases de fondo, grabada mediante un plano fijo que se prolonga durante diez minutos. Esta escena desquiciada y decadente supone un punto de inflexión en el argumento: a la mañana siguiente, todos serán engañados para que confíen sus ahorros a un líder autoproclamado, que les convence de abandonar la explotación ruinosa en la que habían subsistido hasta el momento para crear una nueva y modélica utopía comunitaria.

“Como si él mismo fuese un receptor vivo, decididamente convencido como estaba de que cualquier onda radiofónica que pasara por cualquier punto del mundo, por muy pequeño, insignificante y lejano que fuese lo ‘afectaba’ también a él.” (Relaciones misericordiosas).

Pero tampoco hace falta mucho contexto para leer estos libros, puesto que sus situaciones y miserias permanecen abstractas y son fácilmente universalizables. El propio escritor rechaza la etiqueta de realista, y así lo prueban sus intereses de las décadas posteriores. Tras una serie de viajes a Asia, cuestiones como la belleza, el detalle y la contemplación adquieren mayor protagonismo en sus libros, y su escritura recoge estos temas y los integra en su flujo y su ritmo. Ahora, el hecho de que un montón de páginas concentren un conjunto muy limitado de acontecimientos tiene que ver con una manera de observar propia del artesano; ya sea el caso, como encontramos en Y Seiobo descendió a la tierra, de un meticuloso pintor de iconos en la Rusia medieval, un compositor del Barroco o un fabricante de máscaras para el teatro kabuki. En una entrevista concedida el año pasado, Krasznahorkai dice que la labor del escritor es describir el estado de personas, animales, plantas, minerales y “asumir con vergüenza que nos llamen creadores”. Me gusta esta caracterización porque me recuerda a una idea que trato de defender siempre que puedo: que describir es siempre mejor que definir, porque la descripción nos ahorra la búsqueda estéril de la verdad última para optar, por el contrario, por el mundo de las sombras y los matices.

“Una mente vacía se enfrenta a preguntas graves en apariencia, inesperadas y, por su carácter inesperado, rudas y avasalladoras, y no es que no tenga respuestas, es que le resulta difícil salir de su prolongado silencio y decir algo, de manera que comienza a tartamudear, tartamudea en el sentido estricto de la palabra cuando abre la boca, como si buscara las palabras.” (Y Seiobo descendió a la tierra).

El traductor de Krasznahorkai al español, Adan Kovacsics —a quien por cierto, Darío Gael ha reivindicado en una entrevista reciente para Vanity Fair— tiene publicado en Acantilado un pequeño libro titulado Guerra y lenguaje en el que estudia la instrumentalización de la lengua en contextos como la Alemania nazi o la invasión de Irak. Aparte de para recomendar su lectura, lo menciono para rescatar unas líneas sobre el bloqueo de Rilke durante la Primera Guerra Mundial: “Los ángeles se habían retirado. Ocurre a veces que no responden, que la ‘alegría eterna’ no inunda el corazón, que el espacio interior del mundo se reduce a un punto. ¡El cuerpo, sin embargo, sigue vivo! […] Olvidamos el lenguaje, empezamos a tartamudear, tenemos la mirada perdida, la boca entreabierta y nos cuesta mover los labios. Sin embargo, el cuerpo sigue, sigue a veces más físico que nunca.” A pesar de los contextos reales, dramáticos y crudos a los que se refiere Kovacsics en su libro, hay algo de sus observaciones sobre la relación del lenguaje con la vida cotidiana, y la brecha que se abre entre ambos cuando ocurre una crisis, que puede trasladarse a la manera de escribir de Krasznahorkai. Sus personajes viven entre ruinas y se hacen diminutos ante la miseria del mundo, y esta situación de fracaso se traslada a la narración y la convierte en un tartamudeo. Las criaturas de sus libros podrían desistir, pero les mueve una posibilidad de futuro que, como la persecución de la belleza y los intentos de concretarla, nunca se materializará en otra cosa que una espera continua. Esa es la naturaleza de la melancolía a la que el autor se ha referido alguna vez, y que toma forma en unos textos lentos, nebulosos y contemplativos, en los que nunca cambia nada.

“Ha llegado el final, después no queda ya nada, dijo, y si algo sigue aún a pesar de todo solo será la cochina consunción de ese proceso.” (Y Seiobo descendió a la tierra).

jueves, 9 de octubre de 2025

FRENTE UNA COPA DE VINO (RELATO DE ISABELLA BUSTAMANTE RUIZ)

 Destapé una copa de vino, recordé aquellos años en los que el anochecer era lo único que me importaba, las tazas de café vacías sobre el escritorio y a Jim Morrison, todo eso llenaba mi mundo, recordé cuando vivía de alcohol, amor y diversión nocturna, cuando antes de quedar en el ojo del mundo era una persona que existía como si el mundo no fuera a resistir un día más, dejando que los excesos se apoderaran de mi y de mi mente en ese entonces, vacía.

La copa de vino no dura ni un segundo sobre la mesa y recuerdo cuando no era vino, si no cualquier cosa que mareara mi existencia... al entrar a esta industria vi a Amy o a Kurt caer de distintas maneras, sin embargo, solo pensaba ¿por qué se metieron en esto? Podrían ser felices como yo antes de esta locura, felices como yo cuando veía caricaturas a las dos de la mañana comiendo cereal a mis 17, felices como yo besando a mi chico usando su lindo gorro de lana gris, felices como yo cuando escribía por mi y no por miles de personas, felices como yo cuando no fumaba para calmar la ansiedad, felices como yo antes de pensar en lo jodida que estoy ahora, podrían estar felices como lo era yo, pero ahora yo estoy tan infeliz como lo eran ustedes.

Ahora tengo más de cuarenta arrepintiéndome de ver con anhelo a las películas de Hollywood deseando tener aquella vida, mi alma se ha roto en pedazos y ahora extraño a las tazas de café, a mi vieja libreta, al gorro de mi chico, también a mi chico, extraño el cielo de antes y la música de la forma en que la admiraba, odio no poder llorar con Amy como lo hacía, o no haber conocido a la música de ahora en diferentes circunstancias, extraño ir a un café en la tarde cómo si nadie me viera, extraño  la hermosa persona que era antes y odio  la que me he convertido hoy, por eso, con mi copa de vino he tomado una determinación.

Me quito mis viejos tacones de diseñador, los que siempre he odiado, y corro hacia mi auto, sin ropa empacada y sin nada para cubrir mi rostro, conduzco ignorando las llamadas y esperando a que este nuevo y aburrido auto me lleve a mi vieja yo.

Hèlene Cixous y La risa de la Medusa

Como lectora asidua del portal "Boomerang literario" del periodico "El país" de España, he leido con grata expectación su blog. Traigo a colación este pequeño artículo por la importancia que tiene la escritora Francesa aludida, con la experanza que sea más conocida en nuestro ambito. 

Ana Sainz.  Anapurna es el alter ego de Ana Sainz Quesada. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona se especializó en ilustración en el IED Madrid. Trabaja diferentes disciplinas artísticas, pinta paredes en espacios rurales y urbanos y trabaja la narrativa gráfica sobre cualquier soporte que se lo permita. Es sobretodo amante de leer y dibujar cómics. En 2015 recibió el premio Fnac- Salamandra Graphic por su primera novela gráfica, Chucrut. En 2017, el premio Art Jove de Ilustración (Palma).

Sus historias se han publicado en revistas como Larva (Colombia), Kiblind magazine (Francia) o Jot Down (España). También ha publicado en Alemania con la editorial Wagenbach y en Estados Unidos con Anthology Editions y Fantagrafics, con el proyecto ‘Illustrating Spain in the U.S.’, un recorrido gráfico y narrativo por la influencia de España en el continente.

Expuso su serie de grabados Intimidades en la Staatliche der Bildende Kunste en Karlsruhe (2015, Alemania) y su proyecto colectivo Junglepussy –junto al artista visual Grip Face- en la galería Miscelánea (2017, Barcelona). Ha participado en diversas exposiciones colectivas, entre ellas WALLBETWEEN, en la SC Gallery de Bilbao. ‘Insolubilia’ fue su primera exposición individual (2019, La Causa, Madrid).

Ha publicado recientemente Rebel.lió. La vaga de lloguers de 1931, en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona y guion de Francisco Sánchez.

Su última novela gráfica, Norbu, se ha editado en Francia de la mano de la editorial Çà et Là.

ISABELLA BUSTAMANTE RUIZ


 Escrito por

Ana Sainz (Anapurna)


Texto originalmente publicado en la revista Jot Down número 52

Que el contexto, sus actores, representantes y símbolos modelan el pensamiento contemporáneo no es, en ningún caso, una idea revolucionaria; ya lo argumentaba Hélène Cixous en 1975 y lo defiende hasta la actualidad, cuando se publica por primera vez en lengua española y sin un ápice de apolillamiento su manifiesto La risa de la Medusa, después de alzarse con el XXVII Premio Formentor. Judía francesa nacida en Argelia —quizás una de las pocas públicamente pudorosas a causa de su herencia— Cixous explora la que, en su momento, fue una nueva relación entre la literatura y el sujeto, entre el lenguaje y el psicoanálisis. Aún inmersa en la tradición filosófica de la época -fue coetánea y compañera de Derrida, Foucault o Lacan- en su escritura se mantiene la búsqueda continuada de grietas por donde pueda colarse la fluidez, desobediente y en continuo tránsito, y donde reivindica el papel fundamental del inconsciente, arquetipo presente a lo largo de todo el texto y uno de sus epicentros. Así, Hélène Cixous practica la insumisión formal: los significantes se despojan del significado, en un acto consciente de liberarse de los límites del orden simbólico patriarcal. La gramática baila, salta y se carcajea, rítmica y vocal. Construye el léxico al modo alemán, creando conceptos a base de unir vocablos –algunos ejemplos: mujer-en-luchas(s), ovocablos o sextículos, palabra que encapsula la idea de que la sexualidad femenina es una nueva forma de escritura, puesto que no se ha descrito antes–, convirtiéndolo en un agente travieso y poético. Crea silencios, reclamos y susurros con la puntuación. Ella dice: ‘En el arte, el reto es encontrar la forma – reto que comparten disciplinas como la pintura y la escritura.’ Sin embargo, el torrente de sus textos no cabe en ningún molde. En lo que ella acuña como ‘écriture femenina’, el librarse de una única significación otorgará plasticidad y movimiento al lenguaje, permitiéndonos un uso más amplio, metafórico, diverso y divertido. No hay nada gratuito en llamar a los significantes ‘criaturas juguetonas’.

Aunque ahora el escenario parezca distinto —no es necesario estar rodeada de hombres con grandes nombres para poder publicar tu primer texto a los 27, o los 26, 25, 24, los 16 o los 15–, encontrar lo ‘desafiante’ sigue siendo (y permitidme la vagancia léxica) un desafío. Se agradece la amplitud del campo donde buscarlo, la expansión de un territorio en el que poder explorar y escudriñar, rodeado de márgenes repletos de escrituras femeninas, líquidas y libres, un jardín grande y frondoso fuera de la norma que más nos vale transitar con respeto y cariño. Como quien pasea por un parque natural, sabiendo que habita un espacio que hay que cuidar y preservar antes de que sea arrasado por los fuegos del verano y el lenguaje marketiniano. La joven Hélène debía alejarse de la escena clásica para hallar un atrevimiento nuevo, distinto, algo que todavía no había sucedido. Y así lo hizo: adelantándose a su tiempo, en La risa de la Medusa propone la escritura como el único espacio en el que el pensamiento subversivo puede desarrollarse. Sin hacer distinciones en cuanto al género de quien escribe, sí establece los dictámenes de una nueva forma y uso del lenguaje asociada a lo femenino, que puede performarse indistintamente de lo que se tenga entre las piernas. Abogando por la eliminación de los sistemas binarios al servicio del orden patriarcal y propios del lenguaje masculino (el que hasta entonces también han utilizado las mujeres), Cixous se adelanta a las necesidades del feminismo del futuro; los hombres son también víctimas y prisioneros de su propio falo, de la idea de no tenerlo: al hablar de una escritura masculina lo hace para fijarla como forma operadora y creadora de reglas, constriñendo a sí misma. Una literatura que excluye a la feminidad, la invisibiliza o la representa únicamente bajo su propia mirada; para Cixous, es en el inconsciente donde existe la poesía, en la ‘región sin límites’ donde, como en la escritura, las mujeres resisten. Y es en la poesía donde hallamos la ruptura, convertida en un agente deconstructor de la rigidez.

Para Ana Mendieta, recuperar el cuerpo significaba rescatar una lengua que le permitía comunicarse con el entorno y el paisaje. En el pensamiento de Cixous, la mujer, al escribir, reconquista su cuerpo. Y esta escritura, incapaz de ser codificada o de caer en las estructuras del simbolismo falocentrista, de ser sometida o refrenada, es la que se encuentra en las aristas donde viven y se desarrollan los sujetos disruptores: los maricones, las bolleras, las bisexuales, las negras, las travestis, etc. Lo que asusta, la otredad, ese miedo a la feminidad. En Cixous, como en Mendieta, el cuerpo es la herramienta. Las mujeres lo tenían todo por escribir sobre las mujeres; ahora, el cuerpo femenino se permite - le es permitido- vivir otros significados que lo atraviesan, encontrando referentes en las producciones culturales -la mujer deseante (Pura pasión), la adúltera (A cuatro patas), la abandonadora (Anna Karenina), la asesina (Las madres no)-, emancipándose y siendo más capaz de dominar el verbo.

Este texto combativo, pasional e inclasificable —manifiesto no es palabra suficiente— reclama y chilla espacio, el espacio que ocupan la carne, los músculos y los huesos, físico y tangible y, como el Universo, en continua expansión.